3 de 5 — Cinco ideas del Zen para vivir en un mundo que no deja de cambiar
En los dos primeros artículos hablamos de dos ideas que parecen sencillas, pero que pueden cambiar profundamente nuestra manera de vivir.
Shoshin: la mente de principiante. La capacidad de seguir aprendiendo. (Primer artículo)
Mushin: la mente que no queda atrapada. La capacidad de observar sin permitir que nuestros pensamientos nos gobiernen. (Segundo artículo)
Ahora viene una pregunta diferente:
¿Qué hacemos cuando, aun teniendo la mente abierta y tratando de mantener la calma, la vida se pone difícil?
Porque una cosa es estar tranquilo cuando todo está bien.
Y otra muy distinta es conservar la claridad cuando todo alrededor parece moverse.
Aquí aparece Fudōshin (不動心).
La llamada “mente inamovible”.
No significa no moverse
La primera confusión está en el nombre.
“Inamovible” puede hacernos pensar en alguien rígido.
Alguien que nunca cambia de opinión.
Alguien que permanece firme en sus ideas sin importar lo que ocurra.
Pero eso no es lo que nos interesa de Fudōshin.
Porque una mente rígida no es una mente fuerte.
Es una mente que no puede adaptarse.
Y en un mundo que cambia constantemente, eso puede ser una debilidad.
Fudōshin apunta a algo diferente:
Puedes moverte sin perder tu centro. Puedes cambiar de estrategia sin cambiar tus valores. Puedes aceptar que estabas equivocado sin perder tu identidad. Puedes atravesar una crisis sin convertirte en la crisis. Puedes sentir miedo sin permitir que el miedo tome todas tus decisiones.
Eso es mucho más poderoso.
El árbol y la tormenta
Piensa en un árbol durante una tormenta.
El viento lo mueve.
Las ramas se doblan.
Las hojas vuelan.
Pero las raíces permanecen.
El árbol no necesita ser rígido para permanecer de pie.
Necesita estar bien arraigado.
Piensa en un sauce.
No es el árbol más rígido del bosque.
Todo lo contrario: sus ramas son de las más flexibles que existen.
Cuando llega la tormenta, el sauce no se pone duro.
Se deja mover.
Sus ramas hacen una danza con la embestida del viento.
Se doblan.
Se sacuden.
Parecen a punto de soltarse.
Pero las raíces no sueltan.
Ahí está la clave del sauce: cede arriba porque está firme abajo.
Los árboles que intentan resistir el viento con rigidez son los que terminan quebrados.
El sauce sobrevive porque no confunde firmeza con dureza.
Fudōshin es exactamente eso:
firme en las raíces, danzando en las ramas.
Quizá nosotros necesitamos algo parecido.
Porque muchas veces creemos que ser fuertes significa no permitir que nada nos afecte.
No es así.
Nos afectan las cosas.
Nos duelen.
Nos preocupan.
Nos asustan.
Nos hacen dudar.
Somos humanos.
La fortaleza no consiste en no sentir.
Consiste en no perder el centro cada vez que sentimos algo.
Vivimos en una tormenta permanente
Nunca habíamos tenido tanta información disponible.
Nunca habíamos recibido tantos cambios en tan poco tiempo.
Nuevas tecnologías.
Nuevas formas de trabajar.
Nuevas oportunidades.
Nuevas amenazas.
Nuevas reglas.
Nuevas expectativas.
Y ahora la inteligencia artificial está acelerando todavía más ese proceso.
Lo que ayer parecía novedoso, mañana puede ser normal.
Lo que hoy parece indispensable, quizá mañana sea reemplazado.
Y lo que todavía no conocemos puede cambiar nuestra manera de trabajar antes de que tengamos tiempo de prepararnos.
En medio de todo esto aparece una pregunta:
¿Dónde está tu centro?
¿Dónde está tu centro cuando todo a tu alrededor se mueve?
Cuando todo cambia, ¿qué permanece?
Ésta es quizá una de las preguntas más importantes de Fudōshin.
Si mañana cambia la herramienta que utilizas…
¿qué permanece?
Si cambia tu puesto de trabajo…
¿qué permanece?
Si cambia la industria…
¿qué permanece?
Si aparece una tecnología que hace una parte de tu trabajo de una manera completamente diferente…
¿qué permanece?
Si una persona importante en tu vida cambia…
¿qué permanece?
Si un proyecto fracasa…
¿qué permanece?
Porque si todo nuestro sentido de seguridad depende de que las circunstancias permanezcan iguales…
vamos a vivir permanentemente amenazados.
El error de querer controlar todo
Una de las grandes fuentes de ansiedad es intentar controlar aquello que no podemos controlar.
Queremos controlar lo que otros piensan.
Lo que otros hacen.
Lo que va a ocurrir.
Los resultados.
El futuro.
La opinión de los demás.
Los cambios.
La tecnología.
El mercado.
La vida.
Y cuanto más intentamos controlar aquello que no depende de nosotros…
más inseguros nos sentimos.
Fudōshin propone otra posibilidad:
fortalecer aquello que sí depende de nosotros.
Nuestra preparación.
Nuestra actitud.
Nuestros valores.
Nuestra disciplina.
Nuestra capacidad de aprender.
Nuestra manera de responder.
Eso sí podemos trabajarlo.
La inteligencia artificial y el miedo a quedar atrás
Aquí la conversación se vuelve muy actual.
Hay personas que están emocionadas por la inteligencia artificial.
Hay otras que están preocupadas.
Y hay muchas que están directamente asustadas.
“¿Me va a quitar el trabajo?”
“¿Tengo que aprender esto?”
“¿Ya estoy demasiado grande para empezar?”
“¿Y si todos avanzan más rápido que yo?”
“¿Y si lo que sé hacer deja de tener valor?”
Son preguntas legítimas.
No necesitamos fingir que no existen.
Pero quizá necesitamos separar dos cosas:
el cambio que está ocurriendo
y
la historia que estamos construyendo sobre ese cambio.
El cambio es real.
El miedo puede agregar muchas historias que todavía no han sucedido.
No necesitas saber qué va a pasar
Ésta es una idea que puede resultar liberadora.
No necesitamos saber exactamente cómo será el mundo dentro de cinco años para empezar a prepararnos.
No necesitamos conocer todas las respuestas.
No necesitamos dominar todas las herramientas.
No necesitamos adivinar el futuro.
Necesitamos desarrollar la capacidad de responder cuando el futuro llegue.
Eso cambia completamente la pregunta.
En lugar de:
"¿Qué va a pasar?"
podemos preguntarnos:
"¿Quién necesito ser cuando pase?"
Fudōshin no es resistencia al cambio
Éste es un punto fundamental.
A veces confundimos fortaleza con resistencia.
Decimos:
“Yo no voy a cambiar.”
Como si eso fuera una demostración de carácter.
Pero mantenerse igual no siempre es fortaleza.
A veces es miedo.
Una persona fuerte puede cambiar de opinión.
Puede aprender.
Puede reconocer un error.
Puede comenzar nuevamente.
Puede abandonar una estrategia que ya no funciona.
Puede aceptar que el mundo cambió.
Y aun así seguir siendo ella misma.
Eso es estabilidad.
No inmovilidad.
Tener raíces no significa tener cadenas
Hay una diferencia enorme entre:
“Éstos son mis valores.”
y
“Así se ha hecho siempre.”
La primera frase habla de identidad.
La segunda puede hablar de costumbre.
Nuestros valores pueden permanecer mientras nuestras formas de actuar cambian.
Puedes seguir siendo honesto y cambiar tu manera de trabajar.
Puedes seguir siendo disciplinado y utilizar nuevas herramientas.
Puedes seguir siendo responsable y aceptar ayuda.
Puedes seguir siendo tú mientras aprendes algo completamente nuevo.
No necesitamos proteger todas nuestras costumbres.
Necesitamos proteger aquello que realmente importa.
Cuando el mundo te empuja
En las artes marciales, la estabilidad no significa quedarse congelado.
Significa poder recibir presión sin perder el equilibrio.
Y esa metáfora funciona extraordinariamente bien para la vida.
Una crítica te empuja.
Un fracaso te empuja.
Una pérdida te empuja.
Una noticia inesperada te empuja.
Un cambio laboral te empuja.
Una nueva tecnología te empuja.
Una crisis te empuja.
La pregunta no es:
"¿Cómo consigo que nadie me empuje?"
La pregunta es:
"¿Qué tan bien sé recuperar mi equilibrio?"
El centro no está afuera
Quizá hemos pasado demasiado tiempo buscando seguridad en cosas externas.
En un puesto.
En una empresa.
En un título.
En una relación.
En una cantidad de dinero.
En una herramienta.
En una posición.
En saber más que los demás.
Pero todas esas cosas pueden cambiar.
Fudōshin nos invita a desarrollar una estabilidad diferente.
Una que no dependa completamente de que el mundo se comporte como nosotros queremos.
No significa que no nos importe lo que sucede.
Significa que nuestra identidad no se derrumba cada vez que algo cambia.
Una práctica sencilla
Cuando algo te altere, antes de preguntarte:
"¿Cómo hago para que esto desaparezca?"
pregúntate:
"¿Qué parte de esto sí puedo manejar?"
Después:
"¿Qué parte no depende de mí?"
Y finalmente:
"¿Cómo quiero responder?"
Cuando algo te altere: 1) ¿Qué parte de esto sí puedo manejar? 2) ¿Qué parte no depende de mí? 3) ¿Cómo quiero responder?
No parece una gran técnica.
Pero cambia la posición desde la que enfrentamos un problema.
Dejamos de intentar controlar el mundo…
y empezamos a trabajar sobre nosotros mismos.
El samurái y el mundo moderno
Para quienes han vivido El Juego del Samurai, probablemente esta idea tenga una resonancia especial.
Porque muchas de las experiencias que aparecen en un proceso de ese tipo terminan llevándonos precisamente a una pregunta:
¿Qué haces cuando las cosas no salen como esperabas?
Es fácil hablar de valores cuando todo está tranquilo.
Es mucho más difícil mantenerlos cuando estamos bajo presión.
Ahí es donde una filosofía deja de ser una colección de conceptos…
y comienza a convertirse en una forma de vivir.
La verdadera prueba llega cuando cambia el escenario
Puedes decir que eres paciente.
Hasta que alguien te provoca.
Puedes decir que eres flexible.
Hasta que alguien cambia tus planes.
Puedes decir que confías en ti.
Hasta que algo importante sale mal.
Puedes decir que estás abierto al cambio.
Hasta que el cambio toca directamente tu comodidad.
La vida tiene una manera muy particular de mostrarnos qué tan reales son nuestras convicciones.
Por eso Fudōshin no se demuestra cuando todo está tranquilo.
Se demuestra cuando aparece la tormenta.
No necesitas ser de piedra
Quizá ésta sea la parte que más me gusta de esta idea.
Una mente firme no es una mente fría.
No necesitamos dejar de sentir.
No necesitamos volvernos indiferentes.
No necesitamos aparentar que nada nos afecta.
Podemos sentir miedo.
Y avanzar.
Podemos estar confundidos.
Y seguir buscando.
Podemos estar tristes.
Y continuar.
Podemos equivocarnos.
Y aprender.
Podemos cambiar.
Y seguir siendo nosotros.
La fuerza no está en no moverse.
Está en saber hacia dónde regresar.
Shoshin, Mushin y Fudōshin
Los tres conceptos comienzan a formar una pequeña ruta.
Shoshin:
“Estoy dispuesto a aprender.”
Mushin:
“No voy a quedar atrapado en mis pensamientos.”
Fudōshin:
“Puedo permanecer firme aunque las circunstancias cambien.”
Primero abrimos la mente.
Después dejamos espacio.
Finalmente encontramos nuestro centro.
Y desde ahí podemos responder.
Una pregunta para llevarte hoy
Cuando todo cambia a tu alrededor…
¿qué parte de ti permanece?
No la respuesta que te gustaría dar.
La real.
¿Qué valores?
¿Qué principios?
¿Qué hábitos?
¿Qué personas?
¿Qué propósito?
¿Qué parte de ti sabes que puedes seguir llevando contigo, incluso si mañana muchas otras cosas cambian?
Porque quizá encontrar ese centro sea una de las tareas más importantes de nuestra época.
Los próximos dos
Este es el tercero de cinco artículos sobre ideas de la tradición Zen y su posible aplicación a nuestra manera de vivir, aprender y enfrentar el cambio.
Comenzamos con Shoshin, aprendiendo a volver a ser principiantes.
Después hablamos de Mushin, aprendiendo a no quedar atrapados por nuestra propia mente.
Ahora llegamos a Fudōshin:
permanecer firmes sin volvernos rígidos.
Porque el mundo va a seguir cambiando.
La inteligencia artificial va a seguir cambiando.
Nuestro trabajo va a seguir cambiando.
Las circunstancias van a seguir cambiando.
La pregunta no es cómo detener todo eso.
La pregunta es:
¿podemos cambiar sin perdernos a nosotros mismos?
Ese es el verdadero desafío.