Vivimos en una época extraña.
Cada pocos meses aparece algo nuevo que nos obliga a aprender otra vez.
Una nueva herramienta. Una nueva forma de trabajar. Una nueva manera de comunicarnos. Una nueva tecnología.
Y ahora, además, la inteligencia artificial.
Pero quizá el verdadero desafío no sea aprender inteligencia artificial.
Quizá sea algo mucho más humano:
aprender a seguir aprendiendo.
Una serie sobre una filosofía de vida
Durante los próximos cinco artículos quiero explorar cinco conceptos provenientes de la tradición Zen y de la cultura japonesa que, aunque nacieron en contextos muy diferentes al nuestro, pueden ofrecernos una perspectiva sorprendentemente actual.
No pretendo hacer un tratado sobre Budismo Zen.
Tampoco convertir estas ideas en frases bonitas para poner en una taza.
Quiero hacer algo más sencillo.
Preguntarnos qué pueden enseñarnos hoy.
Porque el mundo cambió.
Pero nosotros seguimos teniendo miedo a equivocarnos.
Seguimos aferrándonos a lo que conocemos.
Seguimos confundiendo experiencia con certeza.
Seguimos resistiéndonos a empezar de nuevo.
Y eso no lo solucionó la tecnología.
Si alguna vez jugaste al Juego del Samurai…
Para quienes han participado en El Juego del Samurai, algunas de estas ideas probablemente no resultarán completamente nuevas.
Quizá incluso aparezcan palabras, conceptos o conversaciones que ya hemos tenido frente a un tablero, en un ejercicio o durante alguno de aquellos momentos en los que el juego terminaba hablando mucho más de nosotros que del propio juego.
Y precisamente por eso vale la pena traerlas nuevamente al frente.
Porque conocer una idea no significa necesariamente estarla viviendo.
A veces necesitamos volver a escuchar algo que ya sabemos.
No porque lo hayamos olvidado…
sino porque nosotros ya no somos exactamente la misma persona que lo escuchó la primera vez.
Una idea puede regresar años después y encontrar un significado completamente diferente.
Esta serie nace un poco de ahí.
De volver a poner algunas de esas ideas sobre la mesa.
Pero ahora frente a un mundo muy distinto.
Un mundo en el que la inteligencia artificial está cambiando la manera en que aprendemos, trabajamos, creamos y tomamos decisiones.
1 de 5 — Shoshin
El primer concepto es Shoshin (初心).
Podemos traducirlo como:
“Mente de principiante.”
La idea es sencilla de explicar y tremendamente difícil de practicar:
Conservar una mente abierta incluso cuando ya tienes experiencia.
Cuando somos principiantes hacemos preguntas.
Cuando somos expertos muchas veces dejamos de hacerlas.
El principiante mira.
El experto reconoce.
El principiante explora.
El experto compara con lo que ya conoce.
El principiante dice:
“No sé.”
El experto puede caer fácilmente en:
“Ya sé.”
Y ahí comienza el problema.
El conocimiento puede convertirse en una barrera
Aprender nos da herramientas.
Pero también nos da filtros.
Después de muchos años trabajando, viviendo, tomando decisiones y resolviendo problemas, desarrollamos una enorme cantidad de conocimientos.
Eso es valioso.
Pero también empezamos a interpretar lo nuevo utilizando las reglas de lo viejo.
Y entonces ocurre algo curioso.
No rechazamos una idea porque sea mala.
La rechazamos porque no se parece a lo que conocemos.
¿Cuántas veces has escuchado?
“Eso no va a funcionar.”
“Ya lo intentamos.”
“Eso aquí no sirve.”
“Así no se hacen las cosas.”
“Yo conozco ese tipo de personas.”
“Eso es imposible.”
A veces tenemos razón.
Pero otras veces estamos defendiendo una conclusión que construimos hace diez, veinte o treinta años.
Y ni siquiera nos damos cuenta.
La llegada de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial está haciendo visible este problema de una manera muy particular.
Personas que llevan décadas trabajando de determinada manera están teniendo que aprender nuevas formas de hacer las cosas.
No porque todo lo anterior haya dejado de servir.
Sino porque aparecieron nuevas posibilidades.
Y cuando aparecen nuevas posibilidades, nuestras antiguas certezas pueden empezar a quedarse pequeñas.
No necesitas convertirte en experto en inteligencia artificial para entender esto.
Basta con observar lo que está ocurriendo.
Antes buscábamos información.
Ahora podemos conversar con ella.
Antes hacíamos determinadas tareas manualmente.
Ahora podemos pedir ayuda para realizarlas.
Antes necesitábamos conocer cada paso de un proceso.
Ahora algunas herramientas pueden ayudarnos a descubrir esos pasos.
Y cada día aparecen nuevas posibilidades.
La pregunta ya no es solamente:
"¿Qué sabes?"
También es:
"¿Qué estás dispuesto a volver a aprender?"
Volver a ser principiante
Aquí aparece Shoshin.
Ser principiante no significa ser ignorante.
Significa estar dispuesto a admitir que todavía hay algo que no sabes.
Y eso requiere humildad.
Pero también requiere valentía.
Porque empezar nuevamente significa aceptar que podemos equivocarnos.
Significa hacer preguntas que quizá parezcan básicas.
Significa decir:
“No entiendo.”
Significa permitir que alguien más nos enseñe.
Significa aceptar que algo que funcionó durante años quizá ya no sea la mejor respuesta.
Y, sobre todo, significa abandonar por un momento la necesidad de tener razón.
El niño que dejamos atrás
Quizá por eso relacionamos fácilmente la mente de principiante con la mentalidad de un niño.
Un niño pregunta:
¿Por qué?
Y después:
¿Y por qué?
Y después:
¿Pero por qué?
No está tratando de demostrar que sabe.
Está tratando de comprender.
Se sorprende.
Experimenta.
Toca.
Pregunta.
Se equivoca.
Lo vuelve a intentar.
Y cuando descubre algo nuevo, no piensa:
“Esto contradice mi experiencia anterior.”
Simplemente dice:
"¡Mira!"
Tal vez crecer no debería significar perder esa capacidad.
Tal vez madurar debería significar aprender cuándo volver a utilizarla.
La experiencia no es el enemigo
Y aquí hay una distinción importante.
Shoshin no nos pide tirar nuestra experiencia a la basura.
Sería absurdo.
La experiencia nos permite reconocer errores, tomar mejores decisiones y entender situaciones que un principiante todavía no puede ver.
El problema aparece cuando nuestra experiencia deja de ser una herramienta…
y se convierte en una frontera.
Cuando decimos:
“Lo sé porque llevo muchos años haciéndolo.”
quizá deberíamos preguntarnos:
"¿Y qué ha cambiado desde entonces?"
La experiencia debería ayudarnos a aprender más rápido.
No impedirnos aprender algo nuevo.
¿Qué tiene que ver esto con la vida?
Mucho más de lo que parece.
Porque esto no solamente ocurre con la tecnología.
También ocurre con nosotros mismos.
Hay personas que llevan veinte años diciendo:
“Yo soy así.”
Como si veinte años fueran una sentencia.
Hay personas que después de una mala relación dicen:
“Todos son iguales.”
Después de un fracaso:
“Yo no sirvo para eso.”
Después de una oportunidad perdida:
“Ya es demasiado tarde.”
Después de haber sido lastimadas:
“Nunca volveré a confiar.”
Eso también es perder la mente de principiante.
Convertir una experiencia en una conclusión definitiva.
Quizá necesitamos menos certezas
Tal vez una de las cosas que más necesitamos en este momento no sea acumular respuestas.
Sino aprender a hacer mejores preguntas.
Preguntarnos:
¿Y si estoy equivocado?
¿Qué no estoy viendo?
¿Qué podría aprender de esto?
¿Qué cambió?
¿Qué estoy dando por sentado?
¿Puedo mirar esto nuevamente como si fuera la primera vez?
No para negar nuestra experiencia.
Sino para evitar que nuestra experiencia decida por nosotros antes de que hayamos vuelto a mirar.
Shoshin en tiempos de inteligencia artificial
La inteligencia artificial puede convertirse en una enorme herramienta de aprendizaje.
Pero solamente si estamos dispuestos a aprender.
Podemos utilizarla para explorar.
Para preguntar.
Para comparar.
Para experimentar.
Para descubrir posibilidades que no habíamos considerado.
Pero también podemos utilizarla exactamente al contrario:
para confirmar lo que ya creemos.
Para evitar pensar.
Para hacer más rápido lo mismo que llevamos haciendo durante años.
La herramienta puede ser nueva.
Nuestra mentalidad puede seguir siendo vieja.
Y ahí está el verdadero desafío.
Una pequeña práctica
La próxima vez que aparezca algo que no conoces, intenta no reaccionar inmediatamente con:
“Eso no es para mí.”
Prueba algo diferente:
“Enséñame.”
No tienes que convertirte en experto.
No tienes que adoptarlo.
No tienes que estar de acuerdo.
Solamente necesitas permitirte mirarlo con curiosidad antes de juzgarlo.
Esa pequeña pausa puede abrir una puerta.
Empezar de nuevo no significa empezar desde cero
Quizá ésta sea la idea que quiero dejarte en este primer artículo.
No necesitas olvidar todo lo que has aprendido.
No necesitas convertirte en otra persona.
No necesitas renunciar a tu experiencia.
Solamente necesitas conservar una pequeña parte de aquella mente que alguna vez tuviste cuando todavía no sabías.
La mente que preguntaba.
La mente que observaba.
La mente que se sorprendía.
La mente que no tenía miedo de decir:
“No sé.”
Porque quizá ahí comienza realmente el aprendizaje.
Los próximos cuatro
Este es apenas el primero de cinco artículos.
En cada uno vamos a tomar una idea de la tradición Zen y de la cultura japonesa y llevarla a un territorio completamente actual:
cómo aprendemos, cómo enfrentamos el cambio, cómo manejamos nuestra mente y cómo seguimos avanzando cuando el mundo cambia más rápido de lo que esperábamos.
No se trata de convertirnos en monjes.
Ni de aprender palabras japonesas.
Se trata de recuperar algunas ideas que quizá nos ayuden a vivir mejor en un mundo que nos exige aprender constantemente.
Y comenzamos por la más difícil:
volver a ser principiantes.
Shoshin.
La mente que todavía está dispuesta a aprender.