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Las personas que tienden a ser según ellas “muy sinceras” o “muy honestas” y que afirman que por esto tienen problemas, suelen lanzan sus opiniones sin medir cuan hirientes y dañinas pueden ser sus palabras para los demás, ya que no cuentan con tacto o consideración alguna. Es una práctica que promueve graves conflictos tanto en el entorno laboral como en el familiar o social, elevando los niveles de toxicidad en el ambiente.
El “ser sinceros u honestos”, no da derecho a herir y faltar el respeto a los demás. El problema no es tu honestidad, sino su falta de tacto, prudencia y en algunos casos el exceso de arrogancia